Doscientos kilómetros exactos, es la distancia que he recorrido desde la ciudad capital, cuando internado entre exuberante vegetación del municipio El Asintal, departamento de Retalhuleu, distingo un rótulo que me da la bienvenida al sitio arqueológico Takalik Abaj.
Para mi buena suerte soy el único visitante que se ha acercado hasta esa hora al sitio, por lo que logro capturar la atención de don Bernabé, quien me acompaña como guía a lo largo del recorrido.
La platica con don Bernabé, inicia de mi parte con la pregunta de rigor sobre el significado de la palabra Takalik Abaj, a lo cual me responde: !piedra parada!. Según me indica, la misma proviene del vocablo K´iche´ “Tak’alik A’baj”, que de acuerdo con la ortografía de la Academia de Lenguas Mayas de Guatemala, es su forma correcta de escritura.
Su significado en español, se debe a que a lo largo y ancho del sitio, emergen de la tierra las puntas de innumerables monumentos soterrados, esculpidos hace cientos de siglos.
La historia de este legado arqueológico abarca 2 milenios, empezando desde los 1,000 a.C. (periodo preclásico temprano), hasta 1,000 d.C (postclásico tardío), intervalo de tiempo que lo hace contemporáneo de Kaminaljuyú, región con la que dicho sea de paso, mantuvo contactos comerciales.
A diferencia de este último, así como de otras ciudades como Tikal, Mixco Viejo e Iximché, por citar algunos ejemplos, los inicios de Takalik Abaj se vieron influenciados por la arquitectura propia de los Olmecas, cuyo núcleo se ha establecido en tierras mexicanas, adquiriendo posteriormente, influencias de la arquitectura Maya. En total, cuatro son los estilos de monumentos en el sitio: Maya, Olmeca, locales y Barrigones (estos últimos son monumentos fértiles).


